Nuestro profe de Lengua y Literatura, Francisco García Morillas, nos escribe un interesante artículo que debería hacernos reflexionar a todos, quizá a toda la sociedad.

Me propongo mostrar a mis alumnos, especialmente a los bachilleres, la importancia de la lectura. No pretendo ser agrio, pero tampoco pretendo esa bobada que dicen algunos de “hacer una crítica constructiva”. Tengo pretensiones, claro está, pero una de ellas no es mentir haciendo pasar la mentira por verdad. Es algo que utilizan ciertos politicoides acostumbrados a orgiar con el lenguaje. Tampoco pretendo mostrar una burda opinión, famosa expresión demasiado moderna para mí. En fin, lea lo que aquí se le dice, y dígame usted qué es lo que pretendo.

 

Contra la mentira

 

El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. Esto le decía don Quijote a Sancho, haciéndole ver la importancia de la lectura y el viajar, aunque en el caso de nuestro caballero de la triste figura, podamos dudarlo en algún momento de sus desventurosas andanzas. Y efectivamente, la lectura de obras de arte quizá sea uno de los “trabajos” más satisfactorios, pues es un arma muy potente para luchar contra la mentira, en un momento en el que esta se lleva por bandera, siempre muy adornada para que no lo parezca.

Bien es sabido que este día se ha convertido en una mera celebración más, vacía de contenido, huera de los propios libros. En la decadencia cultural en la que estamos inmersos, los libros son meros adornos de unas adornadas estanterías en una adornada casa, habitada por muebles o personas (que lo mismo da). La realidad es que no se lee. Nada. Y es fácil constatarlo, entre los alumnos, y lo más grave, entre los profesores. Cuando se impone una celebración como esta, se hace palpable que no se lee.

Ayudemos a nuestros jóvenes a que lean, espetan algunos. Como si fuera algo fácil en el momento en el que vivimos, bombardeados por Sexflix o las diversas plataformas digitales. Para leer hay que pensar, y la capacidad de raciocinio es algo que destaca por su completa ausencia. Se lee porque se duda y se busca la verdad en la realidad de las cosas, y en los libros. Pensar la realidad sería una de las actividades mentales más excitantes, pero es eso deporte en desuso. Hoy se deforma la verdad, puesto que somos nosotros, nuestro pensamiento, los que la construimos. ¿Para qué leer si ya tenemos “nuestra verdad”, nuestra “subjetiva verdad”? A Descartes habría que remitirse: cogito ergo sum. Pues no. La realidad existe con independencia de si la piensas tú o la madre que te parió. Eres idiota (realidad) aunque pienses lo contrario. Y para llegar a estas conclusiones, queridísimo y celebérrimo lector, hay que, efectivamente, leer. Y leer a Cervantes, que tal día como hoy murió, junto con Shakespeare y Garcilaso. Vaya usted a saber quiénes son estos señores.

FGM

 

 

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