El Trabajo en Equipo como consecuencia y no como necesidad de ser entrenado
Ofrecer habilidades, virtudes y fortalezas a nuestro alumnado es uno de los principales objetivos que nos planteamos desde el Centro Santiago Ramón y Cajal. Con este fin, hemos diseñado un perfil competencial, formado por 15 habilidades profesionales, con las que esta institución educativa se siente identificada y mediante las cuales poder ofrecer una formación más completa y de calidad a la sociedad.
Vivimos en un entorno educativo y profesional cada vez más exigente, donde la autodisciplina, la gestión del tiempo y la capacidad de resolver problemas de manera autónoma, entre otras muchas competencias, son habilidades cada vez más valoradas y demandadas. Así pues, resulta crucial entender y fomentar estos hábitos desde temprana edad.
Este mes ponemos el foco en el trabajo en equipo.
En el mundo actual, en la sociedad que vivimos y que hemos ido construyendo existen unos valores, unas señas o unas formas de hacer las cosas. Son predominantes, pero también es verdad que no son naturales. Los seres humanos han demostrado a lo largo de la vida que juntos se llega más lejos y solos se llega más rápido. Y claro, cuando pensamos o no pensamos -porque pensar o el tiempo necesario para hacerlo puede ser un lujo hoy día-, que el mundo está regido por: el cortoplacismo, el individualismo y el clientelismo; hablar de inteligencia colectiva, de procesos participativos para o dentro de una comunidad, y del trabajo en equipo que eso supone, parece algo alejado de la realidad que nos ocupa, de nuestras necesidades y de nuestros propósitos.
¿Para qué voy a perder el tiempo en explicarlo a mis compañeros? Tardo menos en hacerlo yo; Si no estoy de acuerdo con las opiniones de los demás, ¿Para qué escucharlas y tenerlas en cuenta? Ese tipo de preguntas y sus respuestas asociadas son la realidad del día a día de un aula. Y también es la realidad de los entornos laborales y empresariales, solo que en esos entornos es necesario trabajar en equipo, es necesario para que las personas trabajadoras adquieran o alcancen los compromisos asociados en los objetivos empresariales. Y claro, esos objetivos, que se concretan en acciones y en funciones y tareas, marcan la diferencia, básicamente, entre cobrar o no cobrar; y eso a las personas les suele servir de motivación -no siempre suficiente para el mundo actual y sobre lo cual podríamos escribir también, hablando de la “gran dimisión”, el “absentismo”, la “falta de compromiso” de las personas trabajadoras, etc.-
La realidad es que el trabajo en equipo es una necesidad de las personas como trabajadores, porque lo colectivo es una realidad de la persona. ¿Qué necesidades tiene una comunidad, qué recursos tenemos, cómo lo hacemos, y para qué lo hacemos, y cuál es nuestro papel? Todas son preguntas nada individualistas, nada cortoplacistas y para nada sujetas, necesariamente, a una mera relación comercial o mercantil.
Dicho todo esto, es fundamental en Educación, y en los centros educativos, seguir trabajando en la parte metodológica, porque esa es la que va a permitir al alumnado ver el valor y la utilidad del colectivo por encima de las personas que las integran. Hay que seguir avanzando en el valor del proceso por encima de la necesidad del resultado. Al resultado se suman o se restan las personas en función de si es positivo o negativo. En el proceso, en cambio, están los equipos, están las personas poniendo el acento en el nosotros y no en el yo. Y eso es fundamental, si queremos poder formar a personas en valores colectivos y sociales, tales como la equidad, la autogestión, la responsabilidad, la democracia y el capital solidario -ese que las empresas tratan de buscar con eso de la cultura y la alineación en los objetivos empresariales, y que nunca está pagado con dinero, ya sabéis…- Solo así pasaremos a pensar más en comunidad, menos en sus individuos, y entonces el trabajo en equipo será lo que debería ser: una consecuencia y no una necesidad en sí misma.
Y es que, como ya hemos expresado en esta línea de artículos: Una escuela debe fundamentarse en el interés colectivo de las personas, y fomentar la inteligencia colectiva, y eso es natural en una Cooperativa de Enseñanza. Podemos equivocarnos, somos personas y los procesos son complejos, pero… “la cabra tira al monte” y la escuela cooperativa tira hacía las personas, el entendimiento y, por tanto, el pensamiento y el valor del mismo hacía la comunidad de cada uno, y por ende la sociedad en su conjunto.

Escrito por Javier Martínez Morilla
Profesor de Departamento de Administrativo.